Viaje hacia el Yo: La Aventura de Encontrar la Confianza Auténtica
Adriana Mascelloni
24 ago 2023
3 Min. de lectura
Actualizado: 30 oct
La señora Allen siempre había sido una mujer callada y reservada, más propensa a permanecer en la sombra que a bailar en la luz. Pero algo había cambiado en ella, algo que ni siquiera ella misma podía identificar completamente.Se encontraba sola en su estudio, mirando un retrato que había pintado de sí misma años atrás. La imagen en el lienzo parecía casi una extraña, sus ojos carecían del brillo que ahora sentía dentro de sí. Sus manos, suavemente arrugadas por los años, tocaron el retrato, y su mente comenzó a vagar.
Recordó aquellos días en los que la duda la atormentaba. Cada palabra que decía, cada paso que daba, estaba acompañado por un susurro constante de incertidumbre. Pero había algo más allí, algo profundo y resonante que estaba despertando en su alma.Empezó a escribir, permitiendo que sus pensamientos fluyeran libremente sobre el papel, cada palabra una exploración de sí misma, una inmersión en el rincón más íntimo de su ser."La confianza", escribió, "no es un regalo que se otorga, sino un jardín que se cultiva. Debe ser alimentada y cuidada, regada con amor propio y fertilizada con aceptación. Debe ser podada con cuidado, eliminando las dudas y temores que amenazan con asfixiarla."La señora Allen sintió que las palabras fluían de ella como un río, llevándola hacia un lugar de entendimiento y paz. Comenzó a ver su vida no como una serie de fallas y errores, sino como un camino sinuoso hacia una versión de sí misma más fuerte y segura.
Las horas pasaron mientras ella exploraba su alma, y cuando finalmente levantó la pluma, se sentía como una mujer transformada. Miró nuevamente el retrato en la pared y sonrió, no porque la imagen hubiera cambiado, sino porque ella había cambiado.Se levantó y se dirigió hacia la ventana, permitiendo que la luz del sol bañara su rostro. Los rayos cálidos parecían acariciarla, felicitándola por su viaje hacia el autoconocimiento. La ciudad afuera estaba viva y bulliciosa, pero ella se encontraba en un momento de tranquilidad y reflexión, comprendiendo por fin lo que significaba verdaderamente confiar en sí misma.
La confianza no era una máscara que se ponía para enfrentar al mundo, no era una armadura que se forjaba para protegerse. Era algo mucho más profundo, más íntimo. Era una comprensión de sí misma, una aceptación de sus imperfecciones, una celebración de sus fortalezas.
En ese momento, la señora Allen se dio cuenta de que no necesitaba ser otra persona, no necesitaba esconderse detrás de muros de dudas y temores. Simplemente tenía que ser ella misma, con todas sus complejidades y contradicciones, y eso era suficiente.Se sentó nuevamente frente a su escritorio y tomó la pluma, decidida a compartir su descubrimiento con el mundo. Comenzó a escribir un libro, un libro que sería un testimonio de su viaje, una guía para otros que, como ella, buscaban encontrar su propia voz, su propia confianza.
El tiempo pasaría, y el libro de la señora Allen llegaría a las manos de muchas personas, tocando vidas y encendiendo chispas de comprensión en quienes lo leían. Pero lo más importante, quizás, era que había tocado su propia vida, transformándola de maneras que nunca habría imaginado.La confianza en uno mismo no era un destino al que se llegaba, sino un camino que se recorría, un jardín que se cultivaba con amor y paciencia. Y en su jardín, ahora florecían flores hermosas y resplandecientes, cada pétalo una parte de su ser, cada aroma un susurro de su alma.
Y así, la señora Allen continuó su vida, no como una mujer callada y reservada, sino como una mujer segura y empoderada, caminando con la cabeza en alto, con la convicción de que había encontrado su camino, el arte de renacer en sí misma. Un camino que estaba abierto para todos, si solo tenían el coraje de recorrerlo.
La importancia de escribir todo lo que nos sucede, realmente transforma. Hazlo, escribe a diario todo lo que sentís, sin tapujos. Descarga en papel de tu propio puño y letra tus sentimientos. Es mas, te diría que no lo leas, no te tientes con cambiar o arreglar lo que escribiste. Suelta y déjalo ir. Deja que el tiempo pase, que vaya lo mas lejos posible y ahí si léelo nuevamente. Hazlo con detenimiento y contémplate como si miraras tu propia pintura como la señora Allen. ¿Cómo estas ahora? No te juzgues, solo anda paso a paso es tu camino y tu tiempo. Respétate. Continua, siempre continua. A veces tomaras un descanso, pero luego sigue.
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